Academia Pensamiento

Academia Pensamiento

Academia del Pensamiento Conservador y Humanista

La Academia del Pensamiento Conservador y Humanista es un órgano de consulta del Partido, organizado como un centro de estudios y liderazgo, cuyos objetivos primordiales son la plantación, la capacitación, el análisis y la gestión documental a partir de los recursos económicos disponibles y la cooperación nacional e internacional. También tendrá a su cargo el desarrollo de todas las actividades académicas de asesoría y capacitación a los miembros del Partido que redunden en el fortalecimiento de la agenda programática de la colectividad, el diseño de políticas públicas,la ejecución de los temas de interés y el avance en el soporte ideológico de todos los miembros.
La Academia del Pensamiento, promueve además, la creación de centros de pensamiento e investigación en los Departamentos, Distritos, Municipios y Localidades con el propósito de que asesoren al Partido, las Bancadas y a sus directivos en el ámbito regional y local. Para tal efecto, la Academia cuenta con el apoyo del Directorio Nacional, los Senadores y Representantes a la Cámara del Partido Conservador.

Artículos

Macron o la Victoria de Europa

 

Cuando todavía estaban abiertas las heridas de la segunda guerra mundial el Ministro francés de Relaciones Exteriores, Robert Shuman, dio a conocer el 09 de mayo de 1950 la declaración que lleva su nombre en la cual propuso La Comisión Europea Del Carbón y Del Acero, pues “La Paz Mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan”. Empezó, así, el sueño de la integración europea contemporánea que le ganaría al viejo continente respeto y reconocimiento en la geopolítica mundial. Eran los tensos tiempos de la guerra fría en los cuales los países europeos oficiaban de peones en el juego perverso de las dos grandes potencias. La Comunidad del Acero y el Carbón cambió el ajedrez y sentó a Europa al tablero como pieza principal.

El camino de la integración tocó elaborarlo con manos de seda. Las particularidades de los países no facilitan tamaña tarea, y menos en Europa donde las regiones tienen tanto peso histórico que muchas siguen luchando por su independencia. Pero, lo que la economía exige la diplomacia lo logra: en 1957 se firma el Tratado de Roma que creó La Comunidad Económica Europea, un gran paso en la búsqueda de “las 4 libertades de circulación”: personas, capitales, mercancías y servicios. Es decir, el camino hacia el Mercado Único que se acordó en 1993. Mientras tanto, el comercio creció impulsado por la práctica, establecida en años anteriores, de una política agrícola común que fue especialmente exitosa.

Un heredero del europeísmo de De Gaulle y Presidente de La Comisión Europea (1984-1994), Jacques Delors, en 1988, presenta el plan que condujo al Tratado de Maastricht y a la moneda única, el Euro, que es la más alta concreción del sueño. Por eso, la unión europea ampliada a 28 países, supera las crisis económicas y las tempestades políticas. Así el Brexit la halla estremecido, se ha terminado por entender que el Reino Unido es consecuente con su propio y altivo destino: anglosajón y solitario.

Ahora, Francia, la iluminada Francia, responde democráticamente con alas en los pies, como la simbólica Victoria de Samotracia, que contemplamos en el Louvre. Estábamos en momentos de cielo nublado. El populismo, fenómeno que crece al amparo de las carencias del presente, causadas por la insoluta crisis financiera y sumada a la desconfianza en los políticos, avanzaba peligrosamente. Por eso mismo, el triunfo de Macron es, a su vez, el triunfo de Europa, el cierre de puertas a la intolerancia de la ultra-derecha y al socialismo radical de una izquierda que ha perdido el rumbo y perdido países. Es el triunfo del Centro, ciertamente amorfo pero siempre sensato. El país galo ha respondido a la esperanza de una democracia de ciudadanos, a una juventud que asume sus responsabilidades y derrota los escepticismos. Se ha acorazado la cultura de occidente, la nuestra, amenazada por los flancos del fundamentalismo cruel y por la oleada de inmigrantes que requiere la comprensión de sus dramáticas circunstancias. En fin, se impuso “la planicie”, muchas veces desconsiderada por pensadores que solo creen en su particularísima interpretación del mundo. Es más inteligente usar el realismo que rechazarlo, aconsejaba Sartori.

 

El Ajedrez Azul

 

El Partido Conservador no solo está dividido, está disperso. Son tantos los matices en pugna que ni siquiera se han intentado gestiones de unidad, condición indispensable para frenar la deserción que hoy avanza a grandes pasos. Es la consecuencia de haber trocado proselitismo por clientelismo, el que, si bien facilita pasajeras victorias y alimenta ambiciones, no crea lealtades, razón y fundamento de la existencia de los partidos, voceros de una comunidad de ideas, valores, creencias y esperanzas.

A su vez, son las esperanzas en el porvenir y la fe en los líderes las que conducen al poder, objetivo legítimo del quehacer político. Así es cómo funciona la democracia. Claro, para triunfar se necesitan Jefes, banderas, propuestas, verbo y comunicación con la opinión.

El Conservatismo tiene perenne compromiso con la equidad social y con la defensa de la moral. De esas creencias surge el talante de nuestros grandes adalides. ¡Es lo que  está ausente del  acontecer conservador de hoy!. Al afianzarse el poder de los Congresistas en la dirección de la colectividad y, con ello, a prevalecer su reelección,  se nos está llevando a un divorcio con las masas y a deponer nuestro arsenal ideológico. No fijamos posiciones, ni estamos en la discusión de los problemas públicos, ni se nos identifica con causa alguna. Es una realidad que no se entiende puesto que el colaboracionismo y el apoyo a la paz tienen sustento en el devenir histórico del partido. Es una realidad de silencio que sorprende y que no nos merecemos, ni se merecen quienes, como los Congresistas Conservadores, son batalladores, reconocidos jefes regionales, que han ganado en duras lides su curul de Senador o de  Representante. La ausencia del debate dejó el campo libre para que la voz de Pastrana, Martha Lucia y Ordoñez llegaran a las anhelantes masas azules. Esa fue la victoria del No.

Cualquiera que sea nuestra esquina política todos seremos culpables del ocaso del partido. Se hace urgente, entonces, invitar a nuestros dirigentes, sin distingo alguno, a la reflexión sobre la situación actual. El desasosiego general y la desconfianza en el gobierno central, reclaman la influencia de lo conservador para preservar las instituciones que han definido el perfil de nuestra democracia. También, la reorientación del proceso de paz con las Farc, hacia una implementación  consensuada, como lo establece un parágrafo olvidado del Acuerdo Final(pág.7), exige la presencia de lo conservador.

Asimismo, cuando la tranquilidad ciudadana está amenazada y la crispación aumenta, hay que recurrir al diálogo, al encuentro de fuerzas que otrora han coincidido en la defensa de las libertades y del orden social. El Partido Conservador unido está llamado a convertirse en el forjador de una nueva convivencia nacional. En el facilitador del entendimiento entre los sectores de la centro-derecha colombiana. Es una oportunidad de servir a Colombia con coraje y desprendimiento.

Finalmente, es sabido que cuando los puños estan en alto el lenguaje del abrazo es rechazado por impertinente o por ingenuo. Sinembargo, bien vale la pena persistir.