EL JUEGO DE LA POLÍTICA

En cada elección democrática surgen nuevos liderazgos o se afianzan los ya probados. Los hombres de la democracia se rotan en la rueda de la fortuna.

 

En cada elección democrática surgen nuevos liderazgos o se afianzan los ya probados. Los hombres de la democracia se rotan en la rueda de la fortuna. Por eso mismo, el perfeccionamiento, la modernización y transparencia del sistema electoral se hace cada día más obligatorio y urgente, pues así como los resultados de las presidenciales no dan lugar a dudas, hay demasiados interrogantes sobre varias aristas de las elecciones para Congreso de la República: ¿Es controlable la “compra de votos”, ¿es posible que la elección de jurados sea a la luz pública?, ¿es viable la circunscripción nacional para Senado, luego que 14 departamentos no lograron representación en la Cámara alta?, ¿no es preferible sustituir el voto preferente por la consulta interna de los partidos?

En ese juego democrático es interesante lo ocurrido en el Partido Conservador: El resultado para Congreso, específicamente para el Senado, derrotó todas las predicciones y le dio al grupo de senadores victoriosos un claro liderazgo en la conducción del partido. Es más, si no se hubiera renunciado insensatamente a la búsqueda de opinión, el Conservatismo sería hoy el principal Partido de Colombia, de allí que el esfuerzo de los Senadores electos hubiera sido especialmente reconocido.

Desde mucho antes Marta Lucía Ramírez se había recorrido el país instalando Directorios Departamentales y planteando la necesidad de una candidatura conservadora que  enfrentara la reelección de Juan Manuel Santos. El resultado clamoroso de la Convención Nacional indicó que Marta Lucía sería una figura decisiva en el futuro de la colectividad. Y esa realidad se evidenció, aún más, con los dos millones de votos obtenidos en la 1ª vuelta, donde consolidó su estatura de presidenciable.

Era un camino aparentemente despejado, se decía que el Partido Conservador había encontrado el “primus inter pares” de que carecía. Sinembargo, su convicción anti-Santos y la influencia del ex Presidente Uribe la condujeron a las toldas del perdedor en la contienda presidencial. Los Congresistas Conservadores que acompañaron a Santos recuperaron un liderazgo que se les había ido de las manos. Como apostaron decididamente al ganador, agarraron otra vez la batuta.

Les toca ahora propiciar el entendimiento de la bancada del partido. Es el primer paso para recuperar la unidad que resultó averiada por la crispación intensa que se vivió en la batalla por la Jefatura del Estado. Es a ellos a quienes que les corresponderá gozar de las escasas mieles del poder y manejar las relaciones con el Gobierno.

En el escenario de 1978, el candidato derrotado Belisario Betancur dijo claramente que tales relaciones las determinaría la bancada y que él sería ajeno a esos menesteres. Sabia actitud que nos condujo a la victoria de 1982. Los maniqueísmos, los fundamentalismos, son contraproducentes en la arena cambiante de la política. Las circunstancias descritas favorecen que a Marta Lucía le salgan competidores en el campo azul. Se asoma con fuerza un Ministro muy exitoso: Mauricio Cárdenas.

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