“El último de los Grandes: Roberto Gerleín Echeverría” por Rodrigo Noguera Calderón, rector de la Universidad Sergio Arboleda

“El último de los Grandes: Roberto Gerleín Echeverría” por Rodrigo Noguera Calderón, rector de la Universidad Sergio Arboleda

Roberto Gerlein Echeverría es sin duda uno de los hombres públicos más conocidos del país, que ha conservado  su vigencia política durante sesenta años.

Ese hecho resulta casi excepcional: se trata de alguien que se catapultó desde la esfera local, en su natal Barranquilla, hasta convertirse en una de las figuras más poderosas de la política colombiana de los últimos tiempos.

Ello no ha sido producto de la casualidad. Dueño de una personalidad atrayente, simplificada y sin adornos, un conversador ameno e incansable, tomó muy en serio su formación académica y ejerció con éxito y prestancia, al inicio de su carrera, la profesión de abogado, la que abandonó después por razón de la política, su verdadera vocación.

No es probable que exista hoy un político más culto que Roberto Gerlein Echeverría. Un verdadero devorador de libros, un hombre que ha leído de todo y mucho y a quien una memoria feliz le ha otorgado el privilegio de recordar todo cuanto ha leído. Ello le otorgó una rica formación cultural, particularmente filosófica y humanística que le permitió proponer, en innumerables ocasiones, soluciones acertadas a  muchos de los problemas del país.

Su inmenso acervo cultural, su precisión idiomática su reconocida elocuencia, su conocimiento de la realidad colombiana lo convirtieron en uno de los grandes oradores parlamentarios de Colombia, de quien llegó a decirse: “Cuando Gerlein habla, el Capitolio calla”.

Ha tenido, sin duda, el talante de un estadista, que muchos advirtieron en él desde la década de los 80 del Siglo anterior, para la presentarlo como un posible candidato presidencial, talante del que hizo gala como Gobernador del Atlántico y Ministro de Desarrollo.

Ha sido un hombre de partido, leal a sus convicciones y defensor acérrimo de   sus doctrinas y principios, pero ajeno a los fanatismos, lo que explica que en un departamento como el Atlántico, de comprobada mayoría liberal, él ha obtenido para su aspiración al Senado de la República más votos que los que tradicionalmente ha obtenido |su propio partido en esa circunscripción.

Afiliado desde sus inicios al ala laureanista del conservatismo se convirtió, bien pronto, en el jefe regional del partido conservador en la costa caribe y en tal carácter fue impulsor de las candidaturas presidenciales de Evaristo Sourdis y Belisario Betancur.

Como figura del partido fue vocero de la bancada en el Senado, líder indiscutido de la misma y miembro del Directorio Nacional Conservador.

Su estructura mental e ideológica aparece reflejada en su obra “La Estructura del Poder en Colombia”, cuya segunda edición prologó mi padre Rodrigo Noguera Laborde.

Para Gerlein, según lo describe allí, la doctrina conservadora “reconoce en el hombre, ser superior a todo lo creado, nacido a imagen y semejanza de Dios, la medida de todas las cosas” (…) “un régimen adecuado, exige la defensa de los derechos naturales, civiles, políticos y sociales. La libre iniciativa, en particular la económica y la educativa, no pueden quebrantarse.” (…) “El hombre debe ganarse su sustento con el trabajo y el Estado debe garantizarlo” (…) “El poder no está diseñado para competirle al ciudadano en sus actividades económicas” (…) “Tiene a su cargo, desde luego los servicios públicos esenciales (ejército, policía, mantenimiento del orden, manejo de las relaciones exteriores, etc.) pero nada más” (…) “El conservatismo se matricula en un capitalismo humano, porque el socialismo – así sea el de los llamados socialismos democráticos- al igual que el comunismo, han fracasado, como lo demostraron los hechos. El Estado paternalista, providente, es anticonservador, porque ésa no es su misión” (…) “El conservatismo aplaude el equilibrio fiscal y repudia el gasto público desmesurado y populista” (…) “encuentra en la cooperación de la comunidad de naciones una fuerza para eliminar la miseria de los pueblos” (…) “rechaza la guerra con fines de solucionar las diferencias entre gobiernos o culturas y condena al fascismo racista o la discriminación étnica”.

Su reconocido olfato político lo convirtió en consejero de sus copartidarios y consultor de adversarios y en aliado necesario para sacar adelante, en el Congreso, proyectos que requerían concesos difíciles.

Gerlein ha sido quizás el último de los grandes en el parlamento colombiano, el último de los caballeros, trazados a la antigua, de la política nacional.

Sus sólidas convicciones religiosas y su amor por Colombia le hicieron siempre anteponer el bien común a la conveniencia propia, lo bueno a lo útil, el acuerdo a la imposición, lo trascendente a lo oportuno.

Pero la verdadera grandeza radica en el ser humano. Un amigo sin dobleces, leal, honesto, sincero. Predispuesto naturalmente al servicio de los demás.

No hubo jamás un favor, que pudiéndolo hacer, Roberto Gerlein le hubiese negado a alguien, ni causa noble a la que le hubiese escatimado su concurso.

Personalmente debo agradecerle muchos gestos de amigo comprometido y doy fe que asumió como propias gestiones que consideró útiles para el país, sin reclamar compensaciones ni gratitudes.

En su fecunda vida política le ha acompañado una persona que merece todos los reconocimientos: su esposa Lidia. Ella sido la inspiración secreta de cuanto ha hecho Roberto y bien vale reconocerlo.

Bogotá, mayo de 2018.
 
RODRIGO NOGUERA CALDERÓN