Homenaje del Partido Conservador a José Eustasio Rivera Salas

Homenaje del Partido Conservador a José Eustasio Rivera Salas

19 de febrero de 1888 / 19 de febrero 2018
130 años de su nacimiento
 

En un lugar que siempre será discutido históricamente, entre Neiva y lo que es hoy el municipio de Rivera, nació el 19 de febrero de 1888 – hoy hace 130 años – uno de los más grandes escritores de Iberoamérica y de los primeros en denunciar abierta y valerosamente los criminales abusos contra decenas de miles de nuestros compatriotas en la oprobiosa Bonanza del Caucho, a comienzos del pasado siglo XX.

Y el primero en adelantar debates de fondo en el Congreso de la República contra los exagerados beneficios a las multinacionales concesionarias del petróleo en los años 20. Y lo hizo como Representante a la Cámara de su tierra, el Huila, y por el Partido Conservador, que estaba en el poder en esa década.

JOSÉ EUSTASIO RIVERA es sin dudarlo, al lado de Gabriel García Márquez, la más prominente figura colombiana de las letras en la historia. Lastimosamente su prematura muerte, apenas con 40 años de edad en Nueva York, privaron al país y al mundo castellano de gestas literarias tan brillantes y poderosas como su única novela La Vorágine. Y su fallecimiento se produjo cuando, según quienes eran sus confidentes, preparaba una novela con denuncias acerca de la naciente industria petrolífera en Colombia.

Estamos aquí para conmemorar esos 130 años del natalicio de RIVERA. Lo hacemos primero como huilenses y colombianos, orgullosos paisanos del gran poeta, novelista, Doctor en Derecho de la Universidad Nacional, político y diplomático.

Y algunos se preguntarán porqué el Partido Conservador Colombiano encabeza este homenaje, que es de todo el país. RIVERA y su familia fueron conservadores, militantes activos como quiera que su ascendencia paterna estuvo vinculada a los destinos políticos, militares y educativos del entonces Tolima Grande y de Colombia: su tío el general e ingeniero Pedro Rivera, tercer gobernador del Huila, senador, diputado y representante a la Cámara de Representantes aunque no alcanzó a ocupar el cargo, siendo reemplazado justamente por su sobrino José Eustasio en los años veinte.

Y dos tíos más, los generales Napoleón Rivera, rector del colegio Santa Librada de Neiva, y Toribio Rivera, gobernador del Tolima.  Igualmente su primo Olegario Rivera fue gobernador del Tolima, Ministro de Guerra, Representante y Senador.

Sus padres Eustasio y Catalina, aunque conservadores, no eran fuertes militantes partidistas y menos sectarios. Se cuenta que escondieron a amigos liberales en la Guerra de los Mil Días.

Como político, RIVERA fue líder de debates que, en ese momento, solo podían adelantar quienes gozaran de una personalidad y tacha a toda prueba, además de que se enfocó en cuestionar actuaciones de miembros de gobiernos del Partido Conservador. Una valentía por partida doble.

Muy joven, apenas con 21 años, fue encarcelado durante protestas contra el gobierno de Rafael Reyes, en 1909.

Y tras el impresionante y durísimo trabajo en las selvas y llanos en la Comisión Demarcadora de límites con Venezuela, al volver a Bogotá en julio de 1923 apareció su nombre en las actas de la Cámara de Representantes como congresista del Partido Conservador, en remplazo de su tío Pedro. Se posesionó el 6 de noviembre.

Como conservador, RIVERA había adoptado posiciones que superaban los criterios tradicionalistas de ambos partidos. Podía pensarse que era un conservador republicano, o un republicano liberal. Su primera tarea como Representante fue citar al Ministro de Relaciones Exteriores para que respondiera ante la Cámara por negligencia e infidencia por dejar casi en el abandono a esa Comisión Demarcadora de Límites con Venezuela. Dijo RIVERA que las selvas se habían convertido en cárceles para nuestros compatriotas.

Con sus denuncias poco se hizo, lo que según los expertos lo motivó aún más a escribir La Vorágine para denunciar tanto la negligencia del gobierno colombiano en sus fronteras de selva, como las atrocidades cometidas por la peruana Casa Arana en lo que son hoy los departamentos del Putumayo, Caquetá y Amazonas.

Después, en 1925, lo nombran en una Comisión Investigadora (preludio de lo que ha sido la Comisión de Investigaciones) de la Cámara de Representantes de Colombia, para estudiar “los hechos de que tenga conocimiento sobre malversación de fondos públicos, otros hechos delictuosos o irregularidades  de todo género que puedan comprometer la responsabilidad de funcionarios acusables por la Cámara ante el Senado”.

Allí JOSÉ EUSTASIO hizo gala de nuevo de su intachable conducta y recia personalidad como investigador, con tal pasión y capacidad de análisis que hoy superaría a cualquiera de quienes estamos en el Congreso: RIVERA realizó dos investigaciones, entre otras: una sobre irregularidades de gastos en el Ministerio de Guerra, y otra del contrato de construcción del primer oleoducto en Colombia, el de Cartagena a Barrancabermeja que sacaría el petróleo de la Concesión de Mares.

La primera investigación le trajo como consecuencia el veto para volver a la Cámara de Representantes.

Y en la segunda sobre el oleoducto, con el apoyo esencial de don Luis Cano, el entonces director del diario El Espectador, denunció que esa concesión otorgada a la firma canadiense Andian National Corporation era un turbio negocio en el que habían influido irregularmente, a favor de la multinacional, los destacados ministros Esteban Jaramillo y Carlos Adolfo Urueta. Y que ese negocio se había acordado con Estados Unidos dentro de las conversaciones para el Tratado Thomson – Urrutia con el que se compensó a Colombia con 25 millones de dólares por la pérdida de Panamá.

Este sencillo homenaje de hoy es solo un preludio de lo que el Partido Conservador quiere hacer en memoria de uno de nuestros más grandes nombres de la historia. Queremos hoy anunciar que, tan pronto termine este agitado momento electoral, realizaremos jornadas académicas para analizar y discutir el perfil político de JOSÉ EUSTASIO RIVERA. Esperamos contar con el apoyo y la presencia de destacados estudiosos de su vida, y también de organismos culturales del Estado. Y declaramos que, año tras año, el 19 de febrero será el “Día de Rivera” para nuestro Partido, como un gesto apenas mínimo de pagar la enorme deuda del país con su memoria.

Para finalizar este acto, aquí, en este lugar donde fue sepultado JOSÉ EUSTASIO RIVERA el 9 de enero de 1929, tras un trayecto de 39 días en distintos medios de transporte desde Nueva York, y recibiendo en cada puerto y en cada pueblo por los que pasaba los homenajes que nunca recibió en vida.  Tomo prestadas algunas palabras que pronunció ese día el destacado líder e intelectual conservador, de Caldas, Silvio Villegas, quien hizo parte del grupo de Los Leopardos.

En su sepelio, aquí en este mismo lugar, Silvio Villegas representaba a las juventudes conservadoras. Dijo Silvio de RIVERA:

“La tumba de José Eustasio Rivera es un claro símbolo para la juventud de nuestro tiempo.  Silencioso y solitario, paseó entre los hombres, como el joven héroe de Zarathustra, moviéndose por la alturas porque sabía que el camino más corto es el que va de cima en cima (…) Contra todos los poetas nocturnos que viven tan solo para cantar su hastío y su miseria, Rivera significaba una victoria sobre la vida”.

HERNÁN FRANCISCO ANDRADE SERRANO
Senador de la República
Presidente Partido Conservador Colombiano
Bogotá D.C., 19 de febrero de 2018
Cementerio Central