La Magistratura Fiscal de la Nación

Es evidente que el Control Fiscal no se adecuó a la autonomía que implicó la elección popular de Alcaldes y Gobernadores, quienes se convirtieron en “reyezuelos”

La Reforma del Estado debe abordar la revisión del pesado armatoste de la Contraloría General. Es evidente que el Control Fiscal no se adecuó a la autonomía que implicó la elección popular de Alcaldes y Gobernadores, quienes se convirtieron en “reyezuelos”, por el imperio sin frenos con que actúan. Entre más alejados geográficamente, mayor es el despotismo y el despilfarro. Aunque ocurre en toda la Nación, los Departamentos y Municipios pequeños se han convertido en los escenarios más aptos para la corrupción y el pillaje de los recursos del erario. No hay control político, no hay medios de comunicación que los vigilen, no hay ciudadanía organizada. La oposición no tiene como expresarse y su voz no llega a la prensa capitalina. Solo, a veces, la mano férrea de la Procuraduría castiga y contiene tanta tropelía. Según la propia Contralora, la cifra de recuperación de los dineros es irrisoria comparada con los montos de los latrocinios.

Una nueva concepción del control fiscal se incorporó al proyecto de Reforma Constitucional del gobierno Barco, producto del acuerdo entre los partidos Liberal y Conservador. El Ministro de Gobierno de entonces, César Gaviria, lideró con ahinco esos propósitos. El retiro de esa Reforma, por el torpedo del referendo sobre la extradición, fue apenas un pretexto. El torpedo iba dirigido a frenar el cambio en la Contraloría General de la República.

Desde entonces la modernización de la administración ha avanzado considerablemente, los dineros públicos alcanzan guarismos billonarios y, tras ellos, se ha tejido una red especializada de corrupción tan alarmante como difícil de atrapar y sancionar. Así lo percibió la Contralora Sandra Morelli, cuando propuso, al inicio de su mandato, una Corte de Cuentas para ejercer el Control Fiscal de la Nación. Se trataba de aprovechar las enseñanzas y experiencias de los tribunales de cuentas europeos de gran eficacia y prestigio institucional.

La Corte de Cuentas ha sido una persistente propuesta del Conservatismo Colombiano. Nuevamente en 1996 la plasmó en un texto de Reforma Constitucional, que no alcanzó a discutirse. Ahora, la ambición por una reforma que modernice y actualice las instituciones de la República, quedaría menguada sin el necesario cambio que requiere el Control Fiscal. Es urgente, por cuanto las Cortes no han estado a la altura de la misión que les confiaron los constituyentes del 91. Entraron en el juego politiquero y no siempre han cumplido con la obligación ética de integrar las ternas con varones preclaros, respetados en el foro y con suficiente bagaje académico para cumplir la función pública que les corresponde.

Sería muy oportuno que los congresistas del Partido Conservador, dentro de los acuerdos a que debe dar lugar la Reforma del Estado, propiciaran la creación de la Gran Magistratura Fiscal de la Nación. La Corte o Tribunales de Cuentas son ejemplo a seguir por su tradición secular.

P.S.      Excelente noticia la ratificación de Mindefensa.

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