LA REFORMA POLÍTICA

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En esta columna hemos combatido la circunscripción nacional para Senado de la República.  Sin embargo,  es grato cederle este espacio al exconstituyente Jesús Pérez Gz Rubio quien es defensor de esa institución.  Las siguientes son sus reflexiones:

a) Reforma del Congreso para darle representación a los departamentos en el Senado. Como si los departamentos no tuvieran ya representación en el Congreso. La Cámara representa los intereses de los departamentos en la formación de las leyes, de los actos legislativos y en lo referente al control  político así como el Senado representa los intereses de la Nación como un todo en estos procesos.  De manera que la reforma tendiente a incrementar aún más la representación de los departamentos en el Congreso no tiene valor agregado político ninguno. 

Lo que sí sería interesante es darle representación a los municipios en el Congreso, así fuera sólo a los más importantes, que actuarían en representación de todos y de esta manera podría dárseles cupo en la Cámara a Congresistas elegidos en representación de las capitales de departamento y de las ciudades que sin tener esta calidad sean muy importantes en razón de su población. La Cámara de Representantes podría estar integrada en un 50% por representantes del departamento y en otro 50% por representantes de los municipios. Es necesario que estos tengan, voz y voto en el Congreso, para evitar que se le recorten trasferencias consagradas en 1991.

Todo ha sido cambiado en perjuicio de los municipios, de la descentralización fiscal y de la inversión social, sin que los municipios pudieran elevar su voz en defensa de  los intereses de sus habitantes.     

b) Voto obligatorio. Hay quienes quieren eliminar la abstención sacrificando algunos  derechos constitucionales fundamentales,  como el derecho político a abstenerse de legitimar con el voto un sistema electoral y un “régimen” político que muchos pueden considerar injusto, fraudulento, corrupto o fruto de la compraventa anticipada de conciencias a cambio de puestos y contratos y de los inconstitucionales cupos indicativos. Abstenerse es un derecho político tan respetable como el de votar. Si hoy se pone obligatorio mañana se podrá decir que es una función ciudadana y por esa vía restringirlo,  a quienes por su preparación puedan desempeñar esa función política de manera consciente e ilustrada. Pero se quieren sacrificar otros derechos constitucionales fundamentales como el de acceso a la función pública. Se ha dicho: “si usted quiere ser servidor público debe acreditar que participó en las elecciones”. También se propone sacrificar el de contratar con el Estado en igualdad de condiciones, el de ir y venir libremente en todo el territorio nacional y fuera de él, el de recibir subsidios o créditos de las entidades del Estado,  y todo esto para compensar el déficit en su capacidad de seducción que tienen los partidos, fruto de su entrega al clientelismo y a su renuncia a la conquista del poder, pues casi ninguno quiere ser oposición nunca sino  gobierno siempre, sin importar si pierden o ganan. 

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