Palabras del Presidente del partido conservador, senador Hernán Andrade Serrano, con motivo de la celebración de los 168 años de fundación del partido

Palabras del Presidente del partido conservador, senador Hernán Andrade Serrano, con motivo de la celebración de los 168 años de fundación del partido

Ciudadanos conservadores. Colombianos:

El hecho de que estemos aquí; el mero y simple hecho de que estemos aquí juntos hoy, de que compartamos en nuestros corazones la alegría por esta celebración, y de que hayamos sacado un tiempo de nuestras obligaciones cotidianas para asistir a ese acto, ese solo hecho me llena de esperanza.

¿Por qué? Porque el día de hoy, cuando nos reunimos a celebrar los 168 años de fundación del Partido Conservador Colombiano, y a recordar la gigantesca contribución que nuestro partido ha hecho a la construcción de nuestra nación y nuestro país, una oscura sombra se cierne sobre los partidos políticos colombianos. Es la sombra del desgaste. De la creciente falta de credibilidad. De la pérdida de autoridad moral. De la desaparición del liderazgo. Es, en último término, la pérdida gradual y creciente de la capacidad de ser orientadores de los destinos de nuestro país. No hay que usar eufemismos, ni ocultar la gravedad de la situación: los partidos políticos, aquellas organizaciones que, según cualquier manual de derecho constitucional, son esenciales para el funcionamiento del sistema democrático, están perdiendo rápidamente cualquier capacidad de ejercer esa crucial función.

No hay encuesta ni estudio de opinión que no evidencie esta crisis: en todas, se menciona a los partidos políticos como una de las instituciones que más desprestigio tiene entre los ciudadanos. Como si ello no fuera ya bastante, en ese lugar de desprestigio a los partidos los acompañan el Congreso, y más recientemente, y para mayor dolor nacional, las altas cortes de nuestra justicia. Mal haríamos, insisto, en perdernos en espejismos e ignorar la severidad de la crisis. ¿Qué espera a una democracia cuando sus instituciones esenciales, los partidos, la justicia, y el legislativo, han perdido la credibilidad y la autoridad moral ante los ciudadanos?

Nos lamentamos, por ejemplo, por el hecho de que una buena cantidad de candidatos presidenciales estén pensando inscribir su aspiración por firmas. Nos lamentamos del daño que a la democracia puede hacer ese resurgir del personalismo, de los movimientos volátiles que vienen y van, y que no tienen ninguna responsabilidad ni rinden cuentas ante los colombianos. Y tenemos razón en esa queja, y es muy fundamentada nuestra lamentación. Pero en ella falta un ingrediente, y es el de la autocrítica. Tal vez haya llegado el momento para que los partidos políticos colombianos hagamos un alto en el camino, y nos preguntemos dónde le estamos fallando a la sociedad; es hora de que nosotros mismos, en un ejercicio de autorreflexión y de corrección del rumbo, nos preguntemos cuáles son las expectativas sociales que hemos defraudado. Porque, de nuevo, no nos llamemos a engaños: si tantos candidatos prefieren hoy edificar su aspiración por fuera de los partidos, no es sólo porque de esa manera quedan sujetos a reglas más flexibles o favorables: es también un síntoma del cansancio de los colombianos con nosotros como organizaciones políticas, es un síntoma de la pérdida de credibilidad, y de cómo el liderazgo de la nación se nos está escapando de las manos.

También es cierto, y es menester recordarlo, que el problema que he mencionado no es exclusivo de la democracia colombiana. En muchas partes del mundo, incluso en aquellos países que tenían los sistemas de partidos más sólidos, dichos sistemas han empezado a hacer agua. Ellos también sufren por la pérdida de credibilidad, y enfrentan el embate de aquello que hoy predomina en nuestro mundo veloz y poco dado a la reflexión: las figuras mediáticas, cuya fortaleza es su carisma personal más que su agenda de propuestas. En ello hay -para qué negarlo- una triste trivialización del ejercicio político, y de ello no solo somos responsables los partidos: también se ha debilitado la fundamentación política y cívica del ciudadano. Pero además de esto, era natural que, a medida que se expande la capacidad humana de elegir libremente, ella fuera llegando también a la política, y resultaran odiosos entonces, a ojos de muchos, esas grandes organizaciones que funcionaban como intermediarios entre el poder y la sociedad. Este es un mundo de libre elección y es un mundo sin intermediarios, o que no quiere intermediarios. Muy diferente al que existía cuando emergieron los partidos políticos.

¿Significa ello entonces que debamos resignarnos, y simplemente abandonar la democracia de partidos como si esta fuera un mueble ya viejo e inservible? Claro que no. El llamado ha de ser a cambiar, a adaptarse, a reconocer cómo podemos servir a esta nueva sociedad. Porque una democracia sin partidos, por más que suene atractiva a oídos de algunos, no es otra cosa que el reino de la volatilidad, de la incertidumbre, y de la irresponsabilidad.

La consigna ha de ser, entonces, evolucionar para no desaparecer. ¿Y cómo lo haremos en el Partido Conservador? Esta es una tarea conjunta, que sintetizo así: trabajo, honestidad, autoridad moral, y evolución. Inicialmente puedo ofrecer tres puntos de reflexión:

Primero: rescatemos la figura del político, hoy tan desprestigiada. Buena parte de ese desprestigio es justo y nos lo hemos ganado, gracias a la deshonestidad de quienes traicionaron sus responsabilidades. Pero démosle nuevo brillo a la figura de quien, de manera profesional y con dedicación plena, representa los intereses de la sociedad en los órganos colegiados y ejecutivos. Y no permitamos que se siga estigmatizando al político de provincia solo por lo que algunos de ellos han hecho: es completamente injusto señalar a la política de provincia como irremediablemente corrupta; no se puede, además, pretender que las necesidades y aspiraciones de los habitantes de la provincia van a ser todas ellas conocidas y tramitadas satisfactoriamente por la tecnocracia central: ella tiene su papel, muy importante, como lo tenemos también quienes representamos a las comunidades y hemos vivido siempre entre ellas.

Segundo: no tengamos ninguna tolerancia con la corrupción. No permitamos que nadie deshonre la bandera del Partido Conservador, ejerciendo actos indebidos contra el patrimonio público y contra la administración. Aquel partido que se fundó para defender valores morales y principios eternos no puede tolerar ese rompimiento flagrante de la moral pública que es la corrupción

Y tercero: si queremos que nos vean como organizaciones serias, trabajemos seriamente por el país, y exhibamos con orgullo las propuestas, los proyectos, los esfuerzos y las ideas de nuestros miembros.

En el espíritu de esta última recomendación, considero justo exaltar a uno de los más destacados miembros del Partido Conservador, el doctor Juan Camilo Restrepo, y quiero destacar el difícil desafío que ha asumido, porque sé que lo hace con genuino interés por Colombia. Desde esta casa lo justo es reconocer ese trabajo, precisamente por la dificultad que él entraña. Incluso quienes tienen reparos sobre el proceso que hoy dirige Juan Camilo, tienen que reconocer que no hay en su esfuerzo un interés diferente al de ayudar a Colombia a dar un nuevo paso hacia la paz plena. A este académico, pensador, y servidor público, le expresamos admiración y le reiteramos nuestros mejores deseos.

En el mismo espíritu, deseo exaltar hoy la labor de quienes representan al Partido Conservador en el Concejo de Bogotá, y reconocer el trabajo que allí están ejecutando.

Felicito a Gloria Elsy Díaz, destacada mujer joven, que desde el concejo distrital ha liderado la lucha contra la trata de personas y la explotación sexual de niños y adolescentes, y de esta manera está poniendo a nuestro partido a la vanguardia de los esfuerzos contra uno de los males más horrendos del mundo contemporáneo. A ella, mil felicitaciones, y gracias por darle al Partido su energía de mujer joven.

Felicito a Nelson Cubides Salazar, joven también, con una brillante carrera por delante, y ya destacado en el mundo de la academia. Concejal que se reconoce por su liderazgo en los temas de tecnologías de la información y de las comunicaciones, y de economía de la creatividad,  y con ello ha mostrado que nuestro partido tiene mucho que decir en esos debates de intensa actualidad. Sé que serán muchas las contribuciones que seguirá haciendo al país este aún joven concejal.

Y felicito a Roger Carrillo, con dos períodos ya en el Concejo, y muchas contribuciones a los debates sobre el gobierno de Bogotá. Es de destacar el interés que el concejal Carrillo ha tenido por los temas de previsión social, y su trabajo en favor de los adultos mayores. Roger Carrillo es ya conocido como especialista en los temas de seguridad social, atención a poblaciones vulnerables, atención al adulto mayor, y riesgos profesionales. En estos temas, tan importantes para la vida de cualquier sociedad, esperamos que el concejal Carrillo siga haciendo aportes a nuestra ciudad y al país.

Con estos reconocimientos, entonces, celebremos el trabajo de los conservadores colombianos, y trabajemos todos para que, dentro de la unidad, podamos responder a los desafíos de una Colombia cambiante y cada vez más exigente.

Muchas gracias.

 

  • Manuel Gilberto Rosas Diaz

    Muy bueno celebrar el aniversario de creación del partido.Pero lo que se requiere es que el partido respalde las leyes que beneficien a la población.Por eso le estamos pidiendo a los congresistas conservadores que respalden el proyecto de ley Ana Cecilia Niño que busca prohibir el asbesto en Colombia.Mauricio delgado ya se comprometió y necesitamos que otros congresistas lo hagan.