Reporte de inclusión financiera 2013

Se ha avanzado en la primera fase, la ampliación de la bancarización, pero hay que hacer seguimiento técnico para proyectos productivos.

Autor: Carlos Martínez Simahan

La Superintendencia Financiera de Colombia y el Programa Banca de las Oportunidades dieron a conocer la semana pasada el Reporte de Inclusión Financiera 2013. Allí se analiza a) la cobertura de los servicios financieros a través de los puntos de contacto; b) la transaccionalidad a través de los canales disponibles en el país; c) los avances en materia de protección al consumidor; d) los principales retos que enfrenta la promoción de la inclusión financiera en Colombia.

Los Puntos de Contacto (PdC) son oficinas, Corresponsales Bancarios (CB), Cajeros (ATH) y datafonos (POS) a través de los cuales la población tiene la posibilidad de acceder a productos y servicios financieros. El informe registra un dato importante: “en los dos últimos años se observaron crecimientos en los PdC del 33.2% y 35%, respectivamente. En síntesis, se duplicaron en Colombia las posibilidades para acceder a los servicios financieros. Colombia tiene un promedio de 114.9 PdC por cada 10.000 adultos, pero es claro que uno de los escollos para su escalamiento es la insuficiente educación financiera.

Es sabido que la Banca de las Oportunidades ha desarrollado constantemente estrategias para promover la ampliación de cobertura en el territorio nacional, dirigidas a Establecimientos Bancarios, Compañías de Financiamiento, Cooperativas en Actividad Financiera y ONGs microcrediticias. Hoy el país cuenta con 1.100 municipios con presencia financiera y más de 61 mil corresponsales bancarios, cuyos montajes han sido subsidiados por la Banca de Oportunidades.

Además, se ha realizado programas para promover la cobertura, el acceso y el uso, se ha brindado apalancamiento operativo a las utilidades para promover el microcrédito por primera vez, de bajo monto, se han realizado asistencias técnicas a las entidades financieras especialmente en metodologías de crédito grupales y, ahora, se intenta aplicar todos esos mecanismos para incentivar los microcréditos rurales, que son muy pocos comparados con el total nacional.

La ortodoxia económica sostiene que no hay que confundir bancarización con el combate a la pobreza, programas, dicen, que deben funcionar por carriles diferentes. Pero, no es por casualidad que el Informe traiga en su introducción la definición de Progreso Social: “como la capacidad de una sociedad para satisfacer las necesidades básicas de la población y de las comunidades para mejorar y mantener la calidad de vida y crear las condiciones para que todos los individuos logren su potencial”. Es el contexto en que se concibió lo que es hoy la Banca de Oportunidades. Hemos expuesto con insistencia que urge pasar a una segunda fase, que el microcrédito sostenido, con seguimiento técnico y para proyectos productivos, que sepan desarrollar los usuarios, es la vía para una superación estable de la pobreza y la desigualdad.

Por último, es notorio que la Asociación Bancaria valora muy poco la contribución que ha prestado la Banca de Oportunidades para el avance de la bancarización, mientras que sus asociados no se preguntan ¿qué productos son los que necesita el pueblo colombiano?, ¿hay oferta para el crédito al campesino? No miran más allá del P y G.

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